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n la gloriosa época de los trovadores y calandrias en el
corazón de la ciudad de Guadalajara, los aromas de la tierra
mojada, el vuelo de las palomas y el romanticismo en sus calles
y plazas, invitaban por las tardes a saborear una deliciosa tostada
o los típicos taquitos dorados para culminar un día
de arduo trabajo, con una agradable charla en las improvisadas cenadurías
hogareñas de algún zaguán o esquina de la propia
casa.
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El excelente sabor y el carisma de Doña Carmen
Castoreña Vázquez “LA CHATA”, desde el año
de 1942, fueron parte de una tradición tapatía que hoy en
día sigue vigente por generaciones, deleitando a un publico local
y exitosamente aceptado por el turismo que nos visita.
  
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